La cocina: un lugar de libertad

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pixabay.com

nos días me encontraba preparando un plato cuyo nombre no podría decir, tampoco recuerdo los ingredientes y tampoco sé exactamente cómo lo preparé. Pero si recuerdo algo: hace mucho tiempo que no sentía tanta libertad como en aquel momento.

Esas sublimes horas que dediqué a la preparación de “algo” despertaron mis sentidos; sentidos que estaban apagados por la rutina de llegar a casa, comer lo primero que cruce mi vista y volver nuevamente a la rutina.

Descubrí esa sensación de libertad que genera un nuevo sabor, un nuevo aroma y una nueva mezcla. tuve el atrevimiento de no seguir ninguna receta; la vida ya tiene suficientes reglas como para tener que seguir un guión hasta en la cocina. Elegí yo misma cada ingrediente, cada uno de ellos fue fruto de una incontrolable necesidad de romper las reglas. Por primera vez en mucho tiempo fui libre de elegir que sabores iba a degustar mi paladar. Y, aunque no soy chef ni especialista culinaria, fueron los sabores más maravillosos, porque sabían a libertad.

Al pasar las horas llegué al final de mi excitante experimento. Cuando probé la preparación me di cuenta que cada segundo del tiempo que me había tomado para expresar mis deseos, sentimiento y humores había valido la pena. Aunque suene exagerado,ese primer bocado me devolvió la vida.

Me imaginé que eso es lo que sienten los grandes chefs en los restaurantes de renombre cuando crean un nuevo sabor, cuando reciben una felicitación del cliente o cuando leen una reseña que halaga una de sus creaciones. Ellos entregan su libertad y sus sentimientos en cada plato; nosotros les devolvemos un poco de vida deshaciendo ante su preparación en cada bocado.

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